He vuelto a Berlín por unos días durante este puente, esta vez en familia, y además de aprovechar para disfrutar junto a los míos de las virtudes monumentales de la capital alemana -por fin he aguantado la cola para entrar al edificio del Reichstag-, he tenido tiempo para disfrutar de la oferta artística berlinesa en diferentes vertientes.
En primer lugar, el Museo de Pérgamo, una auténtica joya situada en la “Isla de los Museos” y que expone una colección verdaderamente asombrosa tanto por su calidad como por su tamaño. Y es que nada más pasar a la primera sala nos encontramos con el altar de Pérgamo, reconstruido a base de fragmentos originales y dedicado al dios Zeus.
En el siglo XIX, arqueólogos alemanes descubrieron el altar, mandado construir por el rey de Pérgamo, Eúmenes II, y fue Otto von Bismarck quien se gestionó el traslado de los restos a Berlín pagando una compensación de 20.000 marcos al entonces todavía existente Imperio Otomano.
Pero no sólo de la magnificencia del altar de Pérgamo se puede disfrutar en el museo. La imponente puerta del mercado de la ciudad de Mileto, construida de forma que todos pudieran admirarse de la riqueza de la urbe, la puerta de Ishtar o una completa colección de arte islámico. De esta última parte me gustó especialmente la conservación de las paredes en la habitación para visitas de un comerciante sirio y la fachada del palacio de Mshatta, que originariamente se hallaba en Jordania.
El Pérgamo es una visita obligada para todos aquellos que disfruten con el arte antiguo. La colección, como digo, es muy bella y además, por qué no decirlo, es bastante espectacular.
En otro orden artístico completamente distinto se encuentra la casa okupa de Tacheles, en Oranienburgstraße, que alberga un colectivo de artistas en lo que fue una prisión nazi y ahora hace las veces como centro cultural y nightclub.
Okupada desde la caída del muro, Tacheles dispone de un café, un patio donde se concentran diversos artistas y numerosas galerías de arte en su interior sorprendentemente bien acondicionadas si tenemos en cuenta el aspecto (y el tufillo) en las escaleras del edificio.
Durante mi visita a Tacheles encontré muchas obras que me gustaron y otras que, aunque no me interesaron demasiado, sí les reconozco un valor artístico. Y también algún que otro WTF, he de decirlo.
El futuro de este mítico centro okupado es, desgraciadamente, incierto. La propiedad pertenece oficialmente al HSH Nord Bank, que está interesado en venderla en su totalidad y parece decidido a expulsar a sus actuales inquilinos.
En el centro de estos dos extremos artísticos se halla un tercer vértice representado en la exposición “Realidad y utopía”, que se expone en la Akademie der Künste (al ladito de la puerta de Brandenburgo en Pariser Platz) hasta el 14 de noviembre.
La muestra analiza la trayectoria del arte contemporáneo argentino mediante una amplia exhibición de más de 100 obras de todo tipo: pintura, fotografía, instalaciones y vídeo a lo largo de dos siglos. “El objetivo central […] es mostrar los lugares del arte en la cultura de la memoria y la búsqueda de la identidad, moviéndose en un área compleja entre la realidad y la utopía”, señala el folleto de la exposición, que alude a “el espacio como infinito, la memoria de los orígenes, la complejidad de las definiciones identitarias y la intersección entre el arte y la política” como temas principales.
La falta de tiempo hizo que únicamente pudiera echar un vistazo rápido a una pequeña parte, pero me gustó la pieza inicial de la exposición, Melancolía A.D., 2007, de Miguel Rotschild, en la que actualiza el poliedro que representó Alberto Durero en su obra también titulada Melancolía.
Son tres opciones recomendables para que todos aquellos que viajen a Berlín puedan disfrutar del arte en diferentes versiones.
















Comentarios en: "Tres vértices artísticos en Berlín. Del Pérgamo a Tacheles." (1)
Estos son los viajes que a mi me gustan. Un 10 te pongo.
Un abrazo.