La caza de cetáceos en Noruega no es un tabú, y de hecho en Honningsvag se pude disfrutar de un poco de carne de ballena en el Corner, una mezcla de pub y restaurante que se encuentra junto al puerto. Hay quien dice que sabe a hígado, aunque a mí, tras probarla, me recordó más al anticucho peruano.
En Kamoyvaer, el pueblo más pequeño de la isla de Mageroya con 78 habitantes, pueden verse algunos huesos de ballena desperdigados procedentes de la antigua estación de caza junto al Turfjord. No es la única referencia a la pesca en la villa, ya que hay una fábrica de pescado que da trabajo a treinta personas, la mayoría de nacionalidad lituana, y que principalmente dedica el producto a la exportación; principalmente a Europa, pero también a lugares tan exóticos como Jamaica.
Kamoyvaer es pequeño pero atractivo al visitante. El puerto parece preparado a propósito para hacer buenas fotos, y en ocasiones se pueden tomar imágenes de algunas capturas también:
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En un principio el pueblo se situaba en la otra orilla del fiordo, pero el peligro de desprendimiento de rocas hizo que cambiaran su emplazamiento al actual. Las vistas son impresionantes y, además podemos también darnos un garbeo por las escasas calles para ver el pescado seco colgando de las casas, los edificios azules de la familia sami propietaria del hotel Arran –lugar donde se hace el fuego en lenguaje sami- o la galería de arte de Eva Schmutterer, una artista alemana que se trasladó hasta Kamoyvaer hace años y que recibe siempre a los viajeros y turistas con una sonrisa.
Schmutterer también ha escrito un libro sobre Mageroya titulado “Aquí, donde acaba el mundo” y que hace las veces de guía informativa sobre los pueblos de la isla.

Por otro lado, ya ha terminado el Sol de Medianoche, así que ahora tenemos un rato en el que el cielo más bien intenta oscurecerse. Dura poco, pero ayuda a conciliar el sueño.













Comentarios en: "Kamoyvaer y carne de ballena" (2)
Me relaja leer tu blog desde el caos que es Lima…todo allí parece tan…ordenado
Muchas gracias María, aquí es todo un poco más tranquilo, al fin y al cabo no somos muchos en la isla. Estamos un poco en el fin del mundo
Un abrazo!